En un episodio del podcast Speaking of Psychology (Hablando de psicología) de la Asociación Americana de Psicología (APA), la Dra. Chrysalis Wright, psicóloga del desarrollo y directora del Laboratorio de Medios y Migración de la Universidad de Florida Central, aborda el fenómeno de las noticias falsas (fake news). La conversación explora qué son, cómo se propagan y por qué representan un problema significativo para la sociedad, destacando el papel de la psicología en su comprensión y mitigación.
¿Qué son las Noticias Falsas y cómo se diferencian?
La Dra. Wright explica que las noticias falsas, desde una perspectiva de investigación, se refieren a información completamente falsa que propaga rumores y desinformación con la intención de engañar al consumidor. Esto se diferencia de los informes de noticias que simplemente presentan una perspectiva sesgada.
Un punto crucial es la confusión con la sátira. Sitios web satíricos a menudo incluyen descargos de responsabilidad, pero los consumidores no siempre los leen. La mala interpretación de la sátira como información factual puede tener consecuencias graves, como ejemplifica el caso de unos agentes de policía que fueron despedidos por amenazas de muerte basadas en un artículo satírico que creyeron real.
Por qué se propagan y el papel del consumidor
La Dra. Wright subraya que la propagación de noticias falsas es un «problema de las personas», no meramente tecnológico o de redes sociales. Varios factores psicológicos contribuyen a este fenómeno:
- Deseo de tener razón y rapidez: La tendencia humana a querer tener razón y la expectativa de inmediatez en la era digital contribuyen a la falta de pausa para verificar la información antes de compartirla. Curiosamente, se observa que las generaciones mayores, como los «baby boomers», a menudo son más propensas a compartir noticias falsas.
- Sobrecarga de información: En el mundo digital, la inmensa cantidad de información dificulta discernir lo verdadero de lo falso.
- Sesgos cognitivos: Las personas tienden a buscar información que confirme sus creencias preexistentes (sesgo de confirmación). Los algoritmos de las redes sociales exacerban esto, creando «cámaras de eco» donde los usuarios solo ven contenido que refuerza sus puntos de vista.
- Respuesta emocional: Las noticias falsas a menudo utilizan titulares provocativos e imágenes impactantes diseñadas para evocar una fuerte reacción emocional. Esta respuesta emocional impulsa a las personas a compartir el contenido sin verificar la fuente, alimentando el ciclo de desinformación.
- Falta de alfabetización mediática: Los consumidores carecen de las herramientas necesarias para evaluar críticamente la información, verificar las fuentes o reconocer la intención de los autores a engañar.

Las consecuencias de la desinformación
Las noticias falsas tienen serias consecuencias:
- Erosión de la confianza: Si las personas empiezan a creer información falsa, comienzan a dudar de la información precisa, incluyendo la evidencia científica y la confianza en las instituciones.
- Amplificación de actitudes negativas: La exposición a noticias falsas puede intensificar actitudes negativas ya existentes, como el sesgo hacia la inmigración, lo que tiene el potencial de influir en los comportamientos, aunque se necesita más investigación para establecer vínculos causales claros con actos extremos como tiroteos masivos.
- Impacto en la salud pública: Casos como la desinformación sobre las vacunas demuestran cómo las noticias falsas pueden socavar las campañas de salud pública y llevar a decisiones perjudiciales.
Armar a los consumidores y la ruta hacia la solución
Recuperar la confianza y combatir las noticias falsas es una tarea compleja, pero la Dra. Wright ofrece soluciones:
- Mejorar la alfabetización mediática: Es fundamental educar a los consumidores para que entiendan la posibilidad de que los autores intenten engañarlos y para que puedan identificar la información falsa.
- Verificar la fuente: Antes de creer o compartir información, los consumidores deben pausar y verificar la fuente. Si no se puede verificar, es mejor considerarla falsa.
- Autorreflexión: Las personas deben reflexionar sobre por qué una noticia les genera una emoción fuerte (positiva o negativa) y por qué desean compartirla. Reconocer que al compartir información falsa, se asume cierta responsabilidad por su propagación.
- Buscar múltiples fuentes: Consumir noticias de diversas fuentes, incluso aquellas con sesgos conocidos, ayuda a obtener una imagen más completa de los hechos.
- Conciencia del sensacionalismo: Los titulares e imágenes «chocantes» o «sensacionalistas» a menudo indican que la información es dudosa y está diseñada para ser memorable, no necesariamente veraz.
- Responsabilidad de las plataformas: Aunque no son la causa raíz, las plataformas de redes sociales tienen un papel que jugar. Sin embargo, la Dra. Wright advierte sobre los peligros de que decidan qué contenido eliminar, lo que plantea preguntas sobre sesgos y libertad de expresión.
- La intencionalidad del autor: Es crucial distinguir entre alguien que comparte información que cree verdadera y el autor original que crea contenido falso con intención de engañar o para obtener ganancias.
- La responsabilidad recae en el consumidor: En última instancia, la Dra. Wright enfatiza que es responsabilidad del consumidor dedicar tiempo a verificar la información para asegurarse de que lo que cree como verdad sea realmente factual.
A pesar de los desafíos, la Dra. Wright mantiene una nota de esperanza: si la sociedad decide unirse para garantizar que la información sea precisa y veraz, es posible lograr un cambio positivo.
Este artículo es una traducción y adaptación de Speaking of Psychology: Fake news and why it matters, with Chrysalis Wright, PhD escrito por Vaile Wright para la American Psychological Association, publicado en 2019.
